Seis islas perdidas (o para perderse)

Las islas tienen algo evocador, casi mágico, sobre todo para aquellos que hemos crecido a muchos kilómetros del mar. Mi primer contacto con el mar y con una isla fue a través de la literatura. No recuerdo qué isla fue, quizá la Liliput de Gulliver, pero sé con certeza que fueron muchas las islas ficticias, las suficientes para que la palabra siga resultando evocadora tantos años después.

Últimamente no leo mucha ficción, pero sigo descubriendo islas singulares, y son cada vez más cercanas, cada vez más reales. Algo me dice que acabaré viajando a más de una de estas islas perdidas.

  • La Graciosa: la octava isla canaria es todavía una desconocida para muchos españoles. Tanto la isla como las aguas cercanas forman parte de una reserva marina, lo que la mantiene a salvo del asfalto y del cemento. El negocio más próspero de la isla es el alquiler de bicicletas, con permiso de la pesca, principal ocupación de sus 650 habitantes. Dejarse llevar por sus senderos conducirá siempre a alguna de sus siete playas vírgenes. Un paraíso cercano en el que perderse.
Playa de las Conchas, La Graciosa

Playa de las Conchas, La Graciosa (Imagen: Agencia Photogenic SA).

  • Socotra: situada en el Índico, a unos 240 kilómetros del Cuerno de África, la isla pertenece a Yemen (a 380 km), una dificultad añadida para visitar la isla y una suerte para preservar un entorno único. El drago de Socotra (Dracaena cinnabari) o el árbol pepino (Dendrosicyos socotranus) son solo dos de las más de 700 especies endémicas de flora y fauna que convierten a esta isla en la más extraterrestre del planeta.
Drago de Socotra

Drago de Socotra. Imagen de Boris Khvostichenko [GFDL, vía Wikimedia Commons

  • Tristán de Acuña: situada en el Atlántico Sur, en el archipiélago británico al que da nombre, se trata del lugar habitado más remoto del planeta; la isla de Santa Helena, a 2170 kilómetros, es el lugar poblado más cercano. Sus 270 habitantes, unas 80 familias, comparten 8 apellidos y un sistema de vida en el que la gestión comunal de los recursos agrarios, ganaderos y pesqueros es la base de la economía local. La infraestructura turística de la isla se reduce a una tienda de souvenirs y dos motocultores para pasear por la isla a los visitantes que desembarcan ocasionalmente de un crucero.
Vista de Tristán de Acuña

Tristán de Acuña y su volcán, imagen de NASA ASTER vía Wikimedia Commons.

  • Isla de Pascua: es sin duda la más accesible de las islas citadas en este artículo (hay siete vuelos semanales desde Santiago de Chile y se puede llegar en crucero), y también la más conocida. Los antiguos pobladores de la isla, los rapanui, y sus vestigios, particularmente las estatuas conocidas como moai, la han convertido en referente obligado cuando se habla de destinos remotos o de civilizaciones perdidas.
  • Sentinel del Norte: aunque bajo administración de la India, esta pequeña isla es de facto un territorio independiente. Habitada por una tribu indígena que rechaza cualquier contacto con el exterior, lo único que se sabe de sus habitantes es que un puñado de ellos lograron sobrevivir al tsunami de 2004. Sus 72 kilómetros cuadrados son un completo misterio, y seguirán siéndolo durante mucho tiempo.
  • Jan Mayen: situada en el océano Ártico, esta isla noruega alberga una base científica que está habitada unos seis meses al año. Parcialmente cubierta por glaciares, posee importantes recursos pesqueros y una rica biodiversidad (en 2010 fue declarada Reserva Natural). La web barba.no cuenta con excelentes imágenes de uno de los pocos viajes privados a la isla en dos galerías de imágenes: primera y segunda.

No se admiten más comentarios